Hay semanas en la vida institucional de una nación que resumen años de políticas públicas silenciosas. Lo ocurrido estos días en Roma no es únicamente el despliegue de una agenda diplomática de alto nivel; es la confirmación de que la República Dominicana ha logrado convertir la seguridad alimentaria en su mejor carta de presentación ante el mundo.
Cuando la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) distingue al país por situar el índice de subalimentación por debajo del 2.5 %, el umbral técnico que marca la erradicación práctica del hambre crónica, el dato trasciende la frialdad de la estadística. En un escenario internacional marcado por tensiones en las cadenas de suministro, inflación alimentaria y crisis climáticas, alcanzar esa meta no es obra del azar, es el resultado de una estrategia de Estado que apostó a tiempo por el productor nacional, el financiamiento al campo y el blindaje de los programas de protección social.
La presencia del presidente Luis Abinader como orador principal en el Foro Mundial de la Alimentación deja un mensaje político claro, no hay estabilidad democrática posible sin soberanía en la mesa. Gobernar implica decidir dónde se colocan los recursos en los momentos críticos, y la experiencia dominicana demuestra que subsidiar la producción agrícola y garantizar el abasto local rinde réditos tanto sociales como geopolíticos. Que en ese mismo escenario resuene el homenaje a “Ojalá que llueva café en el campo” de Juan Luis Guerra, cierra un círculo simbólico poderoso con el anhelo poético de nuestra ruralidad, transformado hoy, en un indicador de éxito validado en el escenario internacional.
Lo relevante para la lectura política de esta jornada en Italia va más allá de la FAO. La agenda en Roma exhibe una madurez notable en el ejercicio del poder blando y la diplomacia comercial dominicana. Los encuentros bilaterales con el presidente Sergio Mattarella y el viceministro Tajani, sumados al Foro Empresarial Italia-República Dominicana, reposicionan al país ante Europa. Ya no nos presentamos solo como el principal destino turístico en el Caribe, sino como un socio estratégico, estable y confiable para la inversión, el comercio y la cooperación en seguridad. A su vez, la visita de Estado al Vaticano y la audiencia en la Santa Sede consolidan una interlocución moral y diplomática de primer orden.
En paralelo, el encuentro con la comunidad dominicana en Roma demostró que la política exterior también debe rendir cuentas a sus ciudadanos. Frente a un escenario internacional marcado por los impactos de la guerra y la crisis energética, Abinader enmarcó los indicadores económicos positivos de la República Dominicana en el esfuerzo innegable de su diáspora. Este reconocimiento trascendió lo discursivo para fijar una hoja de ruta con continuidad institucional hasta agosto de 2028, la disposición a estudiar un sistema de pensiones para los dominicanos en Europa, el impulso a la homologación de títulos y el fortalecimiento de los canales de asistencia a través del Instituto de Dominicanos y Dominicanas en el Exterior (INDEX). La instrucción de conformar una comisión para habilitar un inmueble para servicios culturales y comunitarios para enero de 2027 confirma que la vinculación con la diáspora exige menos retórica y más calidad en la gestión pública.
El verdadero liderazgo internacional no se improvisa en las cumbres; se construye primero dentro de casa. El reconocimiento recibido en Roma pertenece a cada agricultor que madruga en nuestros valles y a una gestión gubernamental que entendió que derrotar el hambre es el acto más concreto de justicia social, mientras procura integrar plenamente a quienes aportan al sustento de la patria desde la distancia.
Hoy la República Dominicana no solo asiste al debate global, también se sienta a la mesa con la autoridad de quien ofrece resultados.
Roma, Italia, 19 de octubre 2026
Por: Antonio José Gómez Peña
Publicado en: El Nuevo Diario

